Poner una nota numérica a la sensación que nos produjo comer allí no sería justo. Más allá de la comida, que estaba exquisita, lo mejor fue sin duda el trato. Llegamos sin reserva y con un perro, sin saber si podríamos quedarnos, y enseguida nos hicieron un hueco con todo el cariño del mundo. Nos atendieron con rapidez y cuidando perfectamente los tiempos entre plato y plato. “Cariño” es, sin duda, la palabra que mejor define lo que sentimos durante toda la experiencia. Sus recomendaciones, la atención recibida y la calidad de la comida hacen que cada euro merezca totalmente la pena. Mención especial para ese tomate que acompaña al bacalao: simplemente impresionante. ¡Gracias por una experiencia inolvidable!
Leer más