Desde que empezamos a planear esta escapada madre(cántabra)e hijas, solo pensábamos en que todo fuera mágico e inolvidable y este alojamiento lo ha conseguido. Preciosa posada de piedra que te llena de vida y te deja respirar la naturaleza en sí misma, la amabilidad de su gente, los pequeños pero grandes detalles, como preocuparse de encendernos el radiador para estar calentitas al llegar, sus sábanas bordadas, como hacía mi madre en su niñez, sus desayunos con olor a casa….GRACIAS por ayudarnos a pasar estos días tan especiales, nos vemos el año que viene!
Leer más