En un enclave mágico en una pequeña colina, junto a una ermita del siglo XIX, se ubica el remedio. Tiene un gran jardín con vistas a los acantilados del Mar Cantábrico. La carta son productos de la tierra con un toque fusión. Todo está buenísimo. El servicio es maravilloso. (Gracias Yan por la atención). De esta última visita destacaría el foie que además es casero y los mejillones tigre. Todo estaba muy bueno pero no volvería a pedir el flan de morcilla, nos pareció un poco fuerte. el Es un sitio para volver una y otra vez.
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