Una parada obligatoria en Santander es La Mulata (desde 1998), una marisquería a la que tienes que ir sí o sí. Fue todo un acierto, de esos sitios a los que volvería una y mil veces más. Nos atendió Manuel, con un trato cercano y muy profesional, haciéndonos excelentes recomendaciones que seguimos sin dudar… y no pudo ser mejor elección. Llevaba con antojo de percebes desde que pisé Santander, y estaban en su punto perfecto. El pulpo a la parrilla, espectacular, y el rape pequeño también estaba riquísimo. El trato por parte de todo el personal de sala fue de 10: atentos en todo momento y haciendo que nos sintiéramos como en casa. Sin duda, un lugar al que volveré una y mil veces más.
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